Cultivar y mantener plantas saludables y hermosas en macetas, jardineras o contenedores, es sencillo siempre y cuando tengamos en cuenta algunos factores esenciales. Las claves a seguir para lograr el éxito son: Elige plantas adaptadas para vivir en el lugar en el que van a ser ubicadas. Regar o abonar en exceso resulta mucho (infinitamente) más letal que quedarse corto. Un tamaño de maceta o contenedor grande puede hacer más fácil el cultivo de numerosas especies. Siempre hay que poner mucha atención a emplear un sustrato que garantice una buena aireación y rápido drenaje del agua de riego.
1- Elegir especies adecuadas al lugar en el que las vamos a ubicar. Una terraza o balcón que reciba sol directo en las horas centrales del día durante el verano, nos obligará a elegir especies capaces de sobrevivir a unas condiciones de calor extremo, sin olvidar que en invierno también deberán soportar heladas. Para una terraza, balcón o patio que no reciba luz solar directa durante lo más crudo del invierno, es vital asegurarnos de que las plantas elegidas toleran heladas persistentes. Pinto se ubica en la zona de rusticidad 8-9 (heladas invernales probables por debajo de -5ºC), por lo que debemos estar seguros de que las especies que vayamos a ubicar en este tipo de lugares son capaces de crecer en esta zona de rusticidad o superior (una búsqueda en Google nos llevará rápidamente a la respuesta).

2- Si tienes dudas, no riegues. Las personas que se quejan del típico “se me mueren las plantas”, es o por no elegir la planta adecuada para el lugar en el que va a ser ubicada, o por regarla (y/o abonarla) en exceso. En maceta los riegos deben ser más frecuentes que cuando tenemos plantamos directamente en el suelo del jardín, pero la práctica totalidad de especies que vamos a cultivar requieren que el sustrato se seque entre riego y riego para evitar la letal podredumbre de raíz. Aprender a rascar un poco la superficie e introducir parcialmente un dedo para valorar la humedad del sustrato es una habilidad que se adquiere con rapidez, si observamos que una planta se pone “mustia” teniendo el sustrato aún húmedo, el problema no es la falta de agua… regar lo único que ocasionará será problemas mucho más graves.

3- El tamaño, a veces, importa (en macetas). Hay algunas especies que han evolucionado adaptándose a crecer entre las grietas de la roca en las que prácticamente no existe el sustrato, por lo que podemos cultivarlas sin problema en macetas o jardineras de tamaño normal o incluso pequeño. Sin embargo, otras especies requerirán de tamaños mayores para que el sustrato mantenga la humedad entre riegos durante más tiempo (humedad, que no mantenerse encharcado) y más espacio para desarrollar raíces. En cuanto al material del que deben estar hechas las macetas o contenedores, el barro es precioso, pero salvo que esté esmaltado o impermeabilizado obliga a regar con más frecuencia que las de materiales como el plástico o la resina. Si van a estar expuestas a pleno sol, elige colores claros para que no se asen en exceso las raíces de las plantas o mejor aún, buscar algún elemento que impida que los rayos de sol incidan directamente en la pared de la maceta o jardinera.
4- El sustrato es muy importante. En contenedor o maceta, la tierra tiene tendencia a compactarse con rapidez, impidiendo que las raíces respiren, el drenaje adecuado, o incluso que el sustrato se empape realmente del agua al regar. Un buen sustrato debe aportar nutrientes pero (y a menudo más importante) contar también con materiales inertes muy ligeros que eviten esa compactación manteniendo la aireación y capacidad de drenaje. Se puede mezclar un buen “sustrato universal” con al menos un tercio de material ligero como perlita (un mineral de origen volcánico que encontraremos en comercios de jardinería) o incluso corcho natural triturado y otro tercio de fibra de coco. Para garantizar que los agujeros de drenaje no se taponan, hay que cubrir el fondo de la maceta o contenedor con una generosa capa de arcilla expandida (los sacos son muy baratos en almacenes de construcción) o trozos rotos de ladrillo, tejas o cerámica.

5- Al abonar como al regar, mejor quedarse corto que pasarse. Si acabamos de trasplantar nuestras plantas a una maceta o contenedor con sustrato nuevo, no es conveniente que realicemos ningún abonado durante unos meses (incluso años, dependiendo de lo rápido que se desarrolle la especie y el volumen del contenedor), ya que el sustrato contiene todos los que la planta pueda necesitar. Cuando nos decidamos a abonar, podemos optar por abonos orgánicos como el humus de lombriz (que incluso podemos emplear al crear inicialmente el sustrato con el que vamos a llenar la maceta), o por preparados “químicos” bien en gránulos de liberación lenta o bien en forma líquida para diluir con el agua de riego. En cualquier caso, y sobre todo con estos últimos, hemos de ser conscientes de que un exceso en su uso por pequeño que sea, puede provocar severos daños a las raíces, por lo que ante la duda siempre es mejor usar una dosis inferior a la indicada… a la planta no la pasará nada.


